Daniel Finzi | Lo realmente necesario es abrazar y ser abrazado

Entrevista a Daniel Finzi, director de teatro, autor, coreógrafo y clown (La Contra de La Vanguardia, 17/12/2011)

Cuál es el eje de su vida?
La ligereza. Y considero que en el caso de las ideas y de los sentimientos, a mayor densidad, mayor ligereza.

Ummm…, no le sigo.
Cuanto más llenos de facetas están una amistad o un amor, más ligeros se vuelven.

¿De eso habla usted?
Yo cuento historias que sanan, y lo que me gustaría despertar es la fe en uno mismo, pero no para desarrollar la fuerza sino valorando la fragilidad. Tengo temas recurrentes como la amistad, que es un motor extraordinario, la sanación y los dioses.

¿Y qué hacen sus dioses?
En muchos de mis espectáculos algo cae del cielo: una lluvia de pollos, o de corchos, como si los dioses estuvieran descorchando botellas y nos cayeran pedazos de fiesta.

Se fue en busca de chamanes por el mundo; ¿descubrió algún secreto?
Trataba de comprender cómo sanaban y descubrí que hay que desarrollar y entrenar la intuición escuchando dentro y fuera. Ese es uno de los talentos de un director.

¿El payaso escucha?
Siente, y danza frente al público una danza de cortejo. Nos especializamos en tomar a la gente entre los brazos y acunarla. No danzamos para que nos vean, danzamos con quien nos mira.

¿Desde cuándo lo sabe?
Desde que lo abandoné todo tras la primera gran pena de amor y me fui como voluntario a cuidar moribundos con la Madre Teresa de Calcuta en India. Ahí cambió mi vida.

¿Qué pasó?
Llegué como un joven clown con la idea de que debía alegrar el mundo, y me di cuenta de que lo realmente necesario es abrazar.

¿Y así nació el teatro de la caricia?
Es fundamental encontrar historias que partiendo del dolor más profundo puedan iluminar, historias que sanen.

¿Por ejemplo?
Cuando mis amigos tienen a su hijo adolescente herido de amor, me lo envían. Yo los compadezco: “Cuando tu primer amor te abandona te sientes morir; todo se acabó para ti”. “¿Cómo lo sabes?”, me preguntan. Y entonces les cuento el gran secreto.

¿Qué secreto?
“A mi tío le pasó lo mismo. ¿Y sabes el vecino de arriba, el del perrito?… También le pasó. A la cajera del súper, la rubia guapa, también. De hecho todo el barrio está herido de amor, pero todos nos hemos salvado”.

Inteligente.
Cuando se levanta el telón y miro a platea, sé que por lo menos el diez por ciento sufre de amor, seguro.

¿Ha entendido por qué?
Porque los dioses son fantásticos dramaturgos y para contarse historias entre ellos o interesarnos a nosotros, títeres en esta aventura, escriben dramas extraordinarios. Si todo es perfecto, no interesa a nadie.

A mí me encantan los cuentos de hadas.
Siempre hay un ogro.

Pero es vencido.
Estoy de acuerdo. Creo en esas historias y en que hay que decirles a los niños: pasarás por bosques oscuros, pero vencerás.

La fantasía está desprestigiada.
La física dice que todo es apariencia.

¿Cómo será la realidad?
Para mí es lo que podemos contar. No es- tamos seguros de nada, sólo de lo que podemos contar, por eso creo que es tan importante tomarnos un tiempo para contarnos quiénes somos. Así construimos.

¿Nuestra propia historia?
La del universo.

¿Qué se cuenta usted?
Me repito tres preguntas: de dónde vengo, adónde voy y qué cenaré esta noche, y cada día encuentro respuestas diferentes.

¿Adónde quiere llegar?
Atrás.

¿?
Cuando uno contempla un atardecer, quiere regresar a algún lugar que no sabe dónde está ni cómo es. Es el lugar del que venimos.

Nostalgia.
La nostalgia te impulsa hacia delante. Los nostálgicos descubrieron tierras nuevas. Y son los que levantan una copa para brindar y agradecer el momento presente porque saben que no volverá.

Admirable lucidez.
A mí me fascina la amabilidad, esas personas delicadas que tocan las cosas como si intuyeran su alma. Lo ves a veces en los hospitales: personas con esa extraña amabilidad incluso con los cadáveres. Esa gente me tiene a su merced, es un talento ante el que no tengo defensa.

Bromeando y riendo, Polichinela te dice la verdad.
Polichinela es un sofista, un malabarista de las ideas. Para mí ser clown consiste en la capacidad de poner en duda. A mí la gente que duda, el político que duda, me da mucha más tranquilidad.

Curioso.
La duda no es mentirosa, la duda busca respuestas, la duda es flexible.

¿No tiene ninguna certeza?
Sí, pero me duran muy poco.

¿Siempre en el laberinto?
El laberinto no es una trampa, es un viaje hacia el interior de uno mismo. Para encontrarse hay que perderse. Para avanzar, crecer, las certezas no sirven. Hemos de perdernos, una, diez, cincuenta veces al minuto para no quedarnos en la piel de las cosas. Cuanto más se pierde uno, más puertas abre.

El silencio

Me encanta la cita de Zenón de Citión (336-264 a. C.) “Tienes dos orejas y una sola boca para que escuches el doble de lo que hablas”.

Una cita que aplica a multitud de relaciones sociales, donde siempre es recomendable disponer del máximo de información antes de opinar. Y que me invita a pensar que también podemos tener dos orejas para escuchar al cerebro y al corazón, al optimista y al pesimista, al sonido y al silencio.

Porque, en ocasiones, el silencio habla …

De la sugerencia a la molestia

Una sugerencia siempre es agradable. Denota que alguien se interesa por tí y te conoce lo suficiente como para pensar que lo que te ofrece te satisfará. Pero una sugerencia puede convertirse rápidamente en una molestia si no se ajusta a tus necesidades y, además, se te ofrece con demasiada insistencia.

Es entonces cuando te preguntas… ¿realmente me conoces? y, lo que puede ser peor, ¿por qué insistes (tanto)?

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El Eco

“…eso que estás oyendo ya no soy yo; es el eco, del eco, del eco, de un sentimiento…”. Curiosa trampa de nuestro cerebro que nos hace creer que todo lo que nos rodea sigue inmutable cuando ya ha cambiado.

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