De la sugerencia a la molestia

Una sugerencia siempre es agradable. Denota que alguien se interesa por tí y te conoce lo suficiente como para pensar que lo que te ofrece te satisfará. Pero una sugerencia puede convertirse rápidamente en una molestia si no se ajusta a tus necesidades y, además, se te ofrece con demasiada insistencia.

Es entonces cuando te preguntas… ¿realmente me conoces? y, lo que puede ser peor, ¿por qué insistes (tanto)?

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